1 jul. 2017

Trabajando la resiliencia de manera indirecta en la relación terapéutica o de consultoría psicológica

La superación de adversidades, el crecimiento ante circunstancias adversas, resurgir ante el dolor, la entereza y el salir reforzado de los factores de riesgo que precipitaron en el pasado o el presente y ante las situaciones difíciles: es parte de procesos resilientes.

Dentro de un proceso de aprendizaje hacia la resiliencia se encuentran las estrategias de afrontamiento resiliente, el trabajo de la autoeficacia/autoestima, poder tener una red de relaciones interpersonales y de apoyo social favorable, la integración de la experiencia pasada en la vida presente o el empoderamiento del paciente, cliente o consultante hacia sus objetivos y horizontes de valor. Son aspectos sobre los que se incide de manera indirecta en la relación terapéutica o de consultoría psicológica.

La relación terapéutica es un contexto idóneo en qué, mediante lenguaje, se puede dar paulatinamente ese proceso de superación. La relación psicólogo-paciente, cliente o consultante es un yo experiencial y en primera persona que comunica y otro yo experiencial que escucha activamente, empatiza y devuelve o transfiere al tú, en la propia relación: un reflejo de lo que del sufrimiento capta, un modo de reencaminar la situación, un análisis funcional de la interacción persona-entorno. Además, hay una observación del profesional complementaria más objetiva, tan útil como la evocada subjetivamente por la persona y como la que surge en la propia interacción o enacción relacional (Araya-Véliz et al., 2017).

La relación humana, conversando con el psicólogo, acaba siendo una tecnología humanista avanzada que, debidamente aplicada, sea indistinguible de la magia y producirse una experiencia de crecimiento que puede ser un sinónimo de avance cualitativo y cuantitativo hacia una personalidad superadora de adversidades. El desarrollo de procesos resilientes y lidiar adecuadamente con las emociones está relacionado con satisfacción con la vida (Limonero et al., 2012).

28 abr. 2017

Manejo de ira y agresividad mediante terapia psicológica para prevenir consecuencias

Las consecuencias negativas de experiencias emocionales subjetivas como la ira, la agresividad y emociones parecidas son las que llevan a personas a solicitar ayuda profesional. Consecuencias de agresión, de sufrimiento propio, de enfermedades cardiovasculares (Williams et al., 2000, Barefoot et. al., 1989), de disminución de capacidad de resolver problemas, problemas de relación, problemas laborales, problemas legales, etc. Algunas de ellas, como los problemas médicos, a más largo plazo, más fácilmente observables.

Furia, de Francis Bacon

Aproximadamente, tan negativo puede ser el patrón continuo de expresar esta alteración emocional de forma abierta o en forma de catarsis, llevando a una acción verbal o motriz violenta; como una contención forzada e intento de suprimir la misma, sin un manejo adecuado, enquistándose la rabia, la hostilidad (Kassinove y Tafrate, 2002).

Los informes verbales de la propia persona, los de terceros, los autorregistros, las pruebas psicométricas y la observación en la sesión sirven para personalizar el caso y ajustarle la psicoeducación del fenómeno psicológico y la psicoterapia de regulación, validando la experiencia cuando sea necesario, que llevará a resolver discusiones o conflictos de una manera más sana y beneficiosa.


10 abr. 2017

Terapia psicológica para acontecimientos vitales estresantes

Hay un test de fuentes de estímulos estresores, elaborado por el doctor Thomas Holmes y llamado Inventario de Experiencias Recientes, que recoge sistemáticamente acontecimientos vitales estresantes. Algunos de ellos son los siguientes (y se podrían añadir otros):

-He tenido muchos más o muchos menos problemas en el trabajo.
-Ha tenido lugar algún cambio importante en mis hábitos de sueño (duermo mucho más o mucho menos o a distintas horas).
-Ha tenido lugar algún cambio importante en el número de familiares con quien convivo (muchos más o muchos menos que los habituales).
-Ha tenido lugar algún cambio importante en mi situación económica (mucho mejor o mucho peor que lo habitual).
-He tenido problemas con la ley.
-Lesión o enfermedad personal grave.
-Fallecimiento de algún familiar próximo, del cónyugue u otras personas con relación signiticativa.
-Matrimonio.
-Cambio de residencia.
-Divorcio, separación o reconciliación.
-Jubilación.
-Modificaciones importantes del negocio (fusión, reconversión, quiebra, etc.).
-Algún logro personal importante.
-Cambios importantes en las condiciones de vida (construcción de una casa nueva, remodelado de la casa o el vecindario).
-Embarazo.
-Acabar de pagar un préstamo, un crédito o una hipoteca.

Según el investigador Holmes, a más cambios registrados mayor probabilidad de problemas de salud en un futuro próximo; y el estrés los 2 años anteriores puede ser acumulativo.

Hay una serie de síntomas que se pueden dar en relación a los sucesos vitales anteriores (Davis, McKay y Eshelman, 1988) o en situaciones límites: ansiedad, depresión, desesperanza, hostilidad, irritabilidad, obsesiones, miedos,…y más somáticos como tensión muscular, colon irritable, dolores de cabeza, dolores de cuello, dolores de espalda, indigestión, úlcera péptica, estreñimiento crónico, diarrea crónica, espasmos musculares, tics, temblores, insomnio, dificultades para dormir, obesidad o debilidad física.

Para conocer cómo se reacciona ante el estrés y aplicar técnicas y otros recursos psicoterapéuticos, la ciencia psicológica tiene su corpus de conocimiento y aplica métodos basados en la evidencia.

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