De la desregulación emocional a la libertad emocional

La desregulación emocional es una dificultad en la forma de regular la expresión de emociones y permitir el adecuado procesamiento emocional (Kring y Bachorowsky, 1999). Incluso, las dificultades de regulación emocional están en un 75% de las categorías diagnósticas del DSM de la Asociación Psiquiátrica Americana (Barlow, 2000; Kring y Werner, 2004).

Hay estrategias de regulación emocional inefectivas que son en si mismas los mecanismos que contribuyen al mantenimiento de la desregulación emocional como proceso psicológico transdiagnóstico subyacente (Reyes y Tena, 2016).

La regulación emocional efectiva se transmite en un continuo que va desde lo psicopedagógico (Bisquerra, 2009) y de habilidades para la vida (Organización Mundial de la Salud, 1993) hasta los contextos más de ingresos hospitalarios en qué el estado emocional de sufrimiento y los correlatos biológicos superan a la persona. La psicoeducación emocional es una metodología que se puede aplicar de forma común en el continuo (dimensional, graduado) siguiente: 

Habilidades para la vida |-------|-------|-------|-------|-------| Salud/trastorno (+ cronificada y + discapacitante). Relacionado con lo psicológico, incluyendo la psicopatología, y lo psicosocial

Así, la regulación emocional efectiva puede ser considerada tanto una competencia emocional como un proceso de reducción de estrategias de disregulación emocional hacia los fenómenos subjetivos/síntomas que favorezca fenómenos científicos como es la habituación psicológica y varie el arousal.

Además, se introducirían en la entrevista procedimientos como los de la psicología de tercera generación.

Valores en la intervención psicológica

Los valores se pueden definir como “horizontes de referencia que orientan nuestra vida hacia un determinado sentido” Torralba (2001). Se pueden comunicar a través de palabras, silencios y acciones (Batet y Torralba, 2011).

A lo largo del proceso de intervención psicológica serán necesarios ciertos valores en el profesional, así como favorecer o hacer emerger otros de cara al proceso de desarrollo personal del paciente, cliente o consultante.

Por ejemplo, la importancia de la alteridad, los demás, la influencia que tienen otros en el desarrollo del sujeto. El valor de la confianza, la discreción, el respeto, la sensibilidad, la escucha, la concentración, la comprensión, el tacto, la prudencia, la cortesía, el compromiso, la elegancia, tener presente la unicidad de la persona (que a la vez contiene convergencias con otras) y escuchar la memoria pasada de ésta y sus circunstancias para que se pueda expresar de un modo beneficioso y desde la sinceridad.

La benevolencia hacia la persona con la cual se trabaja, buscando generar resiliencia, responsabilidad de la parte que de sí dependa, humildad, esperanza, perseverancia, flexibilidad, tenacidad, coraje, así como la elaboración de lo verbalizado tanto desde la racionalidad como desde la parte emotiva. Ésta, en el asesoramiento psicológico es más importante que en otros, ya que es una fuerza motivadora para el cambio, y en el polo negativo, las emociones intensas negativas son núcleo importante de la intervención y aportan, almenos para el profesional, una fuente de estudio y de interés para revertir. En psicología puede ser tan necesaria la razón como el sentimiento y los significados.

El diálogo con espíritu de servicio o disponibilidad, buscando el profesional la competencia, la seriedad, el entusiasmo, la laboriosidad, la coherencia, la propia humildad del profesional, el rigor usando las técnicas adecuadas, la honestidad y, en ocasiones, la creatividad o incluso el humor.

Además de éstos, hay otros valores, más concretos o verdaderamente sentidos o expresados directamente, que la persona atendida consideraría los más relevantes en las distintas áreas vitales: laboral, familiar, formación, amistad, ocio, comunidad, etc (Páez-Blarrina et. al, 2006) y que se concretarían operativamente. Serían valores expresados en las sesiones y que serían motivadores y catalizadores de cambios, junto a la alianza terapéutica y los métodos de ciencia psicológica empleados.

Trabajando la resiliencia de manera indirecta en la relación terapéutica o de consultoría psicológica

La superación de adversidades, el crecimiento ante circunstancias adversas, resurgir ante el dolor, sobreponerse constructivamente, la entereza y el salir reforzado de los factores de riesgo que precipitaron en el pasado o el presente y ante las situaciones difíciles: es parte de procesos resilientes. La resiliencia aparece en el preámbulo de la Declaración de Helsinki (2005).

Dentro de un proceso de aprendizaje hacia la resiliencia se encuentran las estrategias de afrontamiento resiliente, el trabajo de la autoeficacia/autoestima, poder tener una red de relaciones interpersonales y de apoyo social favorable, la integración de la experiencia pasada en la vida presente o el empoderamiento del paciente, cliente o consultante hacia sus objetivos y horizontes de valor. Son aspectos sobre los que se incide de manera indirecta en la relación terapéutica o de consultoría psicológica.

La relación terapéutica es un contexto idóneo en qué, mediante lenguaje, se puede dar paulatinamente ese proceso de superación. La relación psicólogo-paciente, cliente o consultante es un yo experiencial y en primera persona que comunica y otro yo experiencial que escucha activamente, empatiza y devuelve o transfiere al tú, en la propia relación: un reflejo de lo que del sufrimiento capta, un modo de reencaminar la situación, un análisis funcional de la interacción persona-entorno. Además, hay una observación del profesional complementaria más objetiva, tan útil como la evocada subjetivamente por la persona y como la que surge en la propia interacción o enacción relacional (Araya-Véliz et al., 2017).

La relación humana, conversando con el psicólogo, acaba siendo una tecnología humanista avanzada que, debidamente aplicada, sea indistinguible de la magia y producirse una experiencia de crecimiento que puede ser un sinónimo de avance cualitativo y cuantitativo hacia una personalidad superadora de adversidades. El desarrollo de procesos resilientes y lidiar adecuadamente con las emociones está relacionado con satisfacción con la vida (Limonero et al., 2012).

Manejo de ira y agresividad mediante terapia psicológica para prevenir consecuencias


Las consecuencias negativas de experiencias emocionales subjetivas como la ira, la agresividad y emociones parecidas son las que llevan a personas a solicitar ayuda/asesoramiento profesional. Consecuencias de agresión, de sufrimiento propio, de enfermedades cardiovasculares (Williams et al., 2000, Barefoot et. al., 1989), de disminución de capacidad de resolver problemas, problemas de relación, problemas laborales, problemas legales, etc. Algunas de ellas, como los problemas médicos, a más largo plazo, más fácilmente observables.

Aproximadamente, tan negativo puede ser el patrón continuo de expresar esta alteración emocional de forma abierta o en forma de catarsis, llevando a una acción verbal o motriz violenta; como una contención forzada e intento de suprimir la misma, sin un manejo adecuado, enquistándose la rabia, la hostilidad (Kassinove y Tafrate, 2002).

Los informes verbales de la propia persona, los de terceros, los autorregistros, las pruebas psicométricas y la observación en la sesión sirven para personalizar el caso y ajustarle la psicoeducación del fenómeno psicológico y la psicoterapia de regulación, validando la experiencia cuando sea necesario, que llevará a resolver discusiones o conflictos de una manera más sana y beneficiosa.