Terapia cognitivo-conductual basada en la evidencia en niños y adolescentes


Sigue un procedimiento parecido a la intervención en adultos, aunque con algunas peculiaridades: se adapta la intervención a la edad de la persona. Se utilizan historietas, cómics, cuentos, etc con los más pequeños y se adapta el vocabulario a nivel concreto. En adolescentes se tienen en cuenta las posibles resistencias, rebeldía hacia la figura de autoridad y posible falta de colaboración. Se utilizan elementos cercanos al adolescente, letras de canciones, acontecimientos con valor para él, etc. Se adapta la terapia a la singularidad de cada persona, al tiempo que se sigue un enfoque terapéutico semiestructurado, no invalidante, fácilmente identificable para el cliente y que le otorga control, lo cual potencia la implicación de los adolescentes. Mediante procesos de verificación de hipótesis, descubrimiento guiado y técnicas específicas se produce el cambio cognitivo-perceptivo-conductual necesario para conseguir un mayor bienestar propio y/o con el entorno.

La terapia cognitivo-conductual  o la contextual usa a veces de tareas para casa que se piden de hacer y comentarlas como parte de la siguiente sesión. En niños y adolescentes puede utilizarse otro término como  hojas de ayuda. Un ejemplo de hojas de ayuda podrían ser los autoregistros.

Esta modalidad de intervención se puede aplicar en problemas de ansiedad, depresión, conductas problemáticas, etc. También se puede utilizar conjuntamente con la participación en la terapia de los padres, los cuales pueden participar en la superación de la problemática.

Recientemente, existe un mayor interés por los problemas psicológicos en niños y adolescentes. A veces con consecuencias negativas, como un probable sobrediagnóstico del TDAH. Hay estudios longitudinales que apuntan a la importancia de detectar precozmente problemas psicológicos y su interveción temprana porqué a edades avanzadas es posible que se agraven ante los estresores de la edad adulta.