Valores en la intervención psicológica

Los valores se pueden definir como “horizontes de referencia que orientan nuestra vida hacia un determinado sentido” Torralba (2001). Se pueden comunicar a través de palabras, silencios y acciones (Batet y Torralba, 2011).

A lo largo del proceso de intervención psicológica serán necesarios ciertos valores en el profesional, así como favorecer o hacer emerger otros de cara al proceso de desarrollo personal del paciente, cliente o consultante.

Por ejemplo, la importancia de la alteridad, los demás, la influencia que tienen otros en el desarrollo del sujeto. El valor de la confianza, la discreción, el respeto, la sensibilidad, la escucha, la concentración, la comprensión, el tacto, la prudencia, la cortesía, el compromiso, la elegancia, tener presente la unicidad de la persona (que a la vez contiene convergencias con otras) y escuchar la memoria pasada de ésta y sus circunstancias para que se pueda expresar de un modo beneficioso y desde la sinceridad.

La benevolencia hacia la persona con la cual se trabaja, buscando generar resiliencia, responsabilidad de la parte que de sí dependa, humildad, esperanza, perseverancia, flexibilidad, tenacidad, coraje, así como la elaboración de lo verbalizado tanto desde la racionalidad como desde la parte emotiva. Ésta, en el asesoramiento psicológico es más importante que en otros, ya que es una fuerza motivadora para el cambio, y en el polo negativo, las emociones intensas negativas son núcleo importante de la intervención y aportan, almenos para el profesional, una fuente de estudio y de interés para revertir. En psicología puede ser tan necesaria la razón como el sentimiento y los significados.

El diálogo con espíritu de servicio o disponibilidad, buscando el profesional la competencia, la seriedad, el entusiasmo, la laboriosidad, la coherencia, la propia humildad del profesional, el rigor usando las técnicas adecuadas, la honestidad y, en ocasiones, la creatividad o incluso el humor.

Además de éstos, hay otros valores, más concretos o verdaderamente sentidos o expresados directamente, que la persona atendida consideraría los más relevantes en las distintas áreas vitales: laboral, familiar, formación, ocio, comunidad, etc (Páez-Blarrina et. al, 2006) y que se concretarían operativamente. Serían valores expresados en las sesiones y que serían motivadores y catalizadores de cambios, junto a la alianza terapéutica y los métodos de ciencia psicológica empleados.